Isaias 的个人资料Siderevs Nvncivs日志列表 工具 帮助
2006年1月

de "En las cimas de la desesperación"

Vivo porque las montañas no saben reír ni las lombrices cantar.

El hecho de que yo exista prueba que el mundo no tiene sentido

Agotamiento y agonía.
Quiero morir, pero lamento quererlo: eso es lo que sienten todos aquellos que se abandonan a la nada. El sentimiento más perverso que existe es el sentimiento de la muerte. ¡Y pensar que hay gente a la que la obsesión perversa de la muerte impide dormir! ¡Cuánto me gustaría perder toda conciencia de mí mismo y de este mundo!

Sobre la muerte
Algunos problemas, cuando los meditamos, nos aíslan de la vida, nos destruyen incluso: no tenemos entonces ya nada que perder, ni nada que ganar.

Sólo se comprende la muerte si se siente la vida como una agonía prolongada, en la cual la vida y la muerte se hallan mezcladas.

La melancolía
Los orígenes de la melancolía se encuentran, por consiguiente, en una región en la que la vida es vacilante y problemática. Así se explican la fertilidad de la melancolía para el saber y su esterilidad para la vida.

Un mundo en el que nada está resuelto.
Por mucho que yo dude de todo y oponga al mundo una sonrisa de desprecio, seguiré comiendo, durmiendo tranquilamente o amando.

Sobre la tristeza.
Una constatación que puedo, muy a mi pesar, hacer a cada instante: solamente son felices quienes no piensan nunca, es decir, quienes no piensan más que lo estrictamente necesario para vivir.

Hay demasiadas cosas que añorar en un mundo en el que nada debería ser añorado. De ahí que yo me pregunte si este mundo merece realmente mi nostalgia.

El sentido del suicidio.
¿Por qué yo no me suicido? Porque la muerte me repugna tanto como la vida. No tengo la mínima idea de por qué me encuentro en este mundo. Experimento en este momento la imperiosa necesidad de gritar, de dar un aullido que horrorice al universo. Siento que asciende en mi un fragor sin precedentes y me pregunto por qué no estalla para aniquilar a este mundo, que yo sepultaría con mi nada. Me considero el ser más terrible que haya existido nunca en la historia, un salvaje apocalíptico repleto de llamas y de tinieblas. Soy una fiera de sonrisa grotesca que se contrae y se dilata infinitamente, que muere y crece al mismo tiempo, exaltada entre la esperanza de la nada y la desesperación del todo, alimentada con fragancias y venenos, abrasada por el amor y el odio, aniquilada por las luces y las sombras. Mi símbolo es la muerte de la luz y la llama de la muerte. En mi todo destello se apaga para resucitar convertido en trueno y relámpago ¿Acaso no arden hasta las tinieblas dentro de mí?

El hombre, animal insomne.
Hay en mí más confusión y caos de lo que el alma humana debería soportar. Podéis encontrar en mí todo lo que queráis. Soy un fósil de los comienzos del mundo en el que los elementos no se cristalizaron y en el que continúa aún la loca efervescencia del caos inicial. Soy la contradicción absoluta, el paroxismo de las antinomias y el límite de las tensiones; en mí todo es posible, pues soy el hombre que se reirá en el momento supremo, en la agonía final, en la hora de la última tristeza.

Lo absoluto en el instante.
El tiempo sólo puede anularse viviendo el instante íntegramente, abandonándose a sus encantos. Se realiza así el eterno presente: el sentimiento de la presencia eterna de las cosas. El tiempo, el devenir, a partir de entonces nos son indiferentes. El eterno presente es existencia, pues sólo durante esta experiencia radical la existencia adquiere evidencia y positividad. Arrancado a la sucesión de los instantes, el presente es producción de ser, superación del vacío. Dichosos los que pueden vivir en el instante, sentir el presente constantemente, atentos únicamente a la beatitud del momento y al arrobamiento que procura la presencia íntegra de las cosas… Y el amor ¿no alcanza lo absoluto del instante? Quienes no aman con un abandono espontáneo son frenados por su tristeza y su angustia, pero también por su incapacidad de superar la temporalidad. ¿No ha llegado ya la hora de declararle la guerra al tiempo, nuestro enemigo común?

Transfiguración de la trivialidad.
¡Qué tristeza ver a los seres humanos ignorarse a si mismos, desdeñar sus destinos en lugar de reavivar constantemente la luz que poseen en sí mismos, o de embriagarse de profundidades tenebrosas! ¿Por qué no extraer del dolor todo lo que puede ofrecer, o cultivar una sonrisa hasta la profundidad de la que procede?

Me siento atraído por todo lo lejano, por el gran vacío que yo proyecto sobre el mundo. Una sensación de oquedad se eleva en mí, atravesando mis miembros y órganos como un fluido impalpable y ligero. Sin saber por qué, siento en el progreso incesante de ese vacío, en esa vacuidad que se dilata infinitamente, la presencia misteriosa de los sentimientos más contradictorios que puedan afectar a un alma. Soy feliz e infeliz a la vez, padezco simultáneamente exaltaciones y depresiones, soy invadido por la desesperación y la voluptuosidad en el seno de la armonía más desconcertante. Estoy tan alegre y triste a la vez que en mis lágrimas aparecen al mismo tiempo reflejos del cielo y del infierno. Por la alegría de mi tristeza, me gustaría que esta Tierra no volviera a conocer la muerte.

El animal indirecto.
Todos los seres humanos tienen el mismo defecto: esperan vivir en lugar de vivir realmente, pues no tienen el valor de afrontar cada segundo. ¿Por qué no desplegar en cada instante suficiente pasión y ardor para convertirlo en una eternidad? Sólo aprendemos a vivir, todos, en el momento en que ya no esperamos nada; mientras se espera, no se puede aprender nada, pues no se habita un presente concreto y vivo, sino un futuro lejano e insípido. No deberíamos esperar nada, salvo las sugestiones inmediatas del instante, esperar sin la conciencia del tiempo. Fuera de lo inmediato, la salvación es imposible. Porque el ser humano es una criatura que ha perdido lo inmediato. De ahí que sea un animal indirecto.

He vivido momentos en que la belleza de una flor justificaba para mí la idea de una finalidad universal, de la misma manera que una mínima nube ha maravillado mi visión sombría de las cosas.

No tengo ideas, sino obsesiones. Ideas, cualquiera puede tenerlas. Nunca las ideas han provocado el hundimiento de nadie.

¡Qué más da!
Todo es posible y nada lo es; todo está permitido y nada lo está. Cualquiera que sea la dirección que tomemos, no será mejor que las demás. Realicemos algo o nada, creamos en algo o no, es todo uno, igual que es lo mismo gritar que callarse. Se puede encontrar una justificación a todo, como también ninguna. Todo es a la vez real e irreal, lógico y absurdo, glorioso y anodino. Nada vale más que otra cosa, como tampoco ninguna idea es superior a otra. ¿Por qué entristecernos a causa de nuestra tristeza y regocijarnos a causa de nuestro regocijo? ¿Qué más da que nuestras lágrimas sean lágrimas de placer o de dolor? ¡Amad vuestras desgracias y detestad vuestra felicidad, mezcladlo todo, confundidlo todo! Sed como un copo de nieve bamboleado por el viento o como una flor arrastrada por las olas. Resistid cuando no debáis hacerlo y sed cobardes cuando haya que resistir. ¿Quién sabe? – quizá ganéis con ello… Y, de todas formas, ¿qué importa si, por el contrario, perdéis? ¿Hay algo realmente que ganar o que perder en este mundo? Toda ganancia es una pérdida y toda pérdida una ganancia. ¿Por qué esperar siempre una actitud clara, ideas precisas y palabras sensatas? Siento que debería escupir fuego a guisa de respuesta a todas las preguntas que me han sido hechas o que no me lo han sido.

CIORAN, En las cimas de la desesperación