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2007年4月 Universo MalditoHabía venido desde lejos a buscar el sol y el sol hallado al fin, me era hostil. ¿Y si me lanzase desde lo alto del acantilado? Mientras hacía consideraciones más bien sombrías mirando a la vez los pinos, las rocas y las olas, sentí de repente hasta qué punto me encontraba sometido a este bello universo maldito.
Cioran, Ese maldito yo. 2007年4月 Copla tristeCorrí, corrí
como niños al través de los campos,
y nada vi...
Busqué, busqué
por todos los rincones de la tierra,
y nada hallé...
Se fue, se fue
cual pájaro escapado de la jaula,
cuanto yo amé...
Vivir, vivir...
¿Y para qué,
si todo se ha de ir
o ya se fue?...
Enrique González Martínez, Poemas truncos (1935) 2007年4月 Noli me tangereNo me toques el alma,
porque la estrujarían
tus manos indolentes
y finas...
No repitas mis cantos
que escribí en la sombría
noche para mí solo
y a hurtadillas...
No te asomes al fondo
de mi vida...
Por mucho que atisbes, hallarás la sombra
de un enigma
Siénteme a la distancia,
como una voz antigua
que al llorar, si es que llora,
no se escucha a sí misma....
No me toques el alma,
porque la estrujarías...
Enrique González Martínez, Las señales furtivas (1925) 2007年4月 Desencanto¿Qué puede darte el corazón, bien mío
que recompense tu amoroso ruego?
El soplo del dolor apagó el fuego
y está mi pecho desolado y frío.
Antes, ardiendo en amoroso brío,
a las lides de amor me arrojé ciego:
mas hoy, vencido paladín, navego
en el mar sin riberas del hastío.
No vuelvas a ofrecerme el amoroso
tálamo de tu seno, que perdida
tengo ya la esperanza del reposo,
y ni quiero arrastrarte en mi caída
ni quiero que tu lazo cariñoso
me haga reconciliarme con la vida.
Enrique González Martínez, Preludios, 1903 2007年4月 Tema AntiguoVolvió a mi mente un eco de extraña melodía
brotada no sé donde, oída no sé cuándo,
un eco lastimero como el fugaz y blando
quejido de la tarde cuando fallece el día.
Por la callada senda de mi alma aparecía
un fúnebre cortejo -¡mis penas sollozando!
¡Evocación tremenda!... Oída no sé cuando,
de aquella turba lúgubre brotó la melodía.
¿No traga para siempre sus penas el olvido?
¿Por qué volveís, oh notas, a lacerar mi oído
y a desgarrar el velo que mi dolor esconde?
En dichas inefables soñando me dormía...
¡Y surges de improviso, doliente melodía,
brotada no sé cuándo, oída no sé dónde!
Enrique González Martínez, Preludios, 1903 |
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